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jaimelopezHay momentos en la vida de todo político, en que lo mejor que puede hacer es no despegar los labios

Abraham Lincoln (1809-1865) Presidente de Estados Unidos

Comprobado en carne propia lo pernicioso que resultan las confrontaciones políticas y hasta políticas entre el presidente de la república y el gobernador del estado, debe reconocerse que es altamente reconfortante que, así sea de dientes para afuera, así sea por conveniencia política, o igual de manera auténtica porque hay el convencimiento de que es lo mejor para el estado, Andrés Manuel López Obrador y Silvano Aureoles parezcan dejar atrás el tono de rispidez que caracterizó su relación, al menos hasta la campaña presidencial que culminó en julio.

Como sea, resulta gratificante el encuentro de este jueves, con motivo de la visita del presidente a Morelia para poner en marcha la descentralización de las oficinas del IMSS. Los nubarrones, alentados en redes sociales, se disiparon y ambos mostraron un tono más cordial del que incluso pudo haberse esperado.

Parece que ambos cayeron en la cuenta de que, como ellos mismos lo advirtieron por separado en sus intervenciones, las elecciones quedaron atrás. En ellas, ciertamente, caminaron por senderos distintos, tenían metas diferentes. Vaya, no es un secreto que desde los tiempos como perredista del ahora presidente, las diferencias políticas entre ambos eran notorias, ninguno las escondía.

El destino los vuelve a reunir y lo menos que debe exigírseles es altura de miras. El encono personal que envolvió la relación de Felipe Calderón y Leonel Godoy tuvo funestas consecuencias para Michoacán, no para ninguno de ellos. Ese escenario no puede, bajo ninguna circunstancia, volver a repetirse.

Es alentador por eso el evento de este jueves en Morelia, más allá del tema que convocó a López Obrador, por el tono mesurado de él y de Aureoles. Insisto, es de suponerse que sea sólo por cortesía política o por mera conveniencia, pero en todo caso es lo de menos importancia, nadie les pide que se lleven de piquete de ombligo, sino que sus diferencias políticas las guarden y opten por la relación civilizada y coordinada. Es de esperarse que así siga. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla. twitter@jaimelopezmtz>

jaimelopezEl enemigo más temible de la democracia es la demagogia

Alfred Croiset (1845-1923) Escritor francés

Si en sentido legal Andrés Manuel López Obrador es presidente de todos los mexicanos, en lo político es evidente que lo es sólo de quienes votaron por él. El tabasqueño no reconoce nada ni a nadie que no sea lo “suyo”.

Este jueves, estará en Morelia única y exclusivamente para inaugurar las oficinas centrales del Instituto Mexicano del Seguro Social, es decir, para un tema propio de su gobierno, pero no mostró ninguna disposición para ceder un minuto de su tiempo para atender aspectos propios de la problemática de la entidad, como le fue propuesto por varios conductos.

Es evidente que López Obrador no quiere saber nada de Silvano Aureoles, pero tampoco de los michoacanos. En cualquiera otra circunstancia, en su primera visita a un estado, un presidente abordaría temáticas federales y locales. No es el caso del tabasqueño, que no entiende nada que no sea de “sus” temas.

Cualquier presidente, además de inaugurar las oficinas del IMSS, seguro le habría dedicado tiempo a sostener encuentros con autoridades y representantes de sectores importantes a nivel local. Temas como el regreso de la educación y la salud michoacanas a la Federación; el impulso que necesita la Zona Económica Especial del puerto de Lázaro Cárdenas; las estrategias que deben fortalecerse y pulirse en la lucha contra la inseguridad y la guerra contra los cárteles del crimen organizado; la degradación de muchas zonas ecológicas; la manera en que puede contenerse la afectación a la producción agropecuaria estatal tras las nuevas condiciones del tratado de libre comercio con Norteamérica, son, entre otros, aspectos que un presidente con una mayor altura de miras y, sobre todo, con menos fobias políticas, atendería sin duda en su primer visita al estado.

A duras penas y meramente por compromiso, se le notificó al gobernador Aureoles de la visita y ni qué decir de quienes representan o lideran sectores sindicales, empresariales, productivos, de profesionistas, todo son un cero a la izquierda para López Obrador.

Vaya, hasta por mera cortesía hubiera sido sano un tipo de agenda diferente al de este jueves. Literalmente, el tabasqueño llegará, inaugurará y se irá. Noventa minutos dedicados a un estado con un sinfín de problemas y rezagos.

Doble contra sencillo a que cuando vaya a Tabasco no habrá límites de tiempos en la agenda. Por eso, no es en absoluto una buena señal la del presidente este jueves en Morelia. Veremos si con el tiempo corrige, aunque, como dicen, hay maderas que no agarran el barniz. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla. twitter@jaimelopezmtz>

jaimelopezNo es tarea fácil dirigir a hombres; empujarlos, en cambio, es muy sencillo

Rabindranath (1861-1941) Filósofo hindú

Así como para Enrique Peña Nieto, Ayotzinapa se convirtió en su principio del fin, en su Waterloo, para Andrés Manuel López Obrador, Puebla puede serlo también.

En efecto, las crisis políticas de un gobierno pueden derivar o en su posicionamiento y consolidación, o bien en su derrumbe, al margen del momento en que se presenten y al margen también de su carácter. Todo es cosa, en mucho, de cómo se manejen esas crisis.

Que se culpara a Peña de los cuarenta y tres desaparecidos de Ayotzinapa, fue, mientras no se demuestre lo contrario, irracional e injusto. Que se culpe a López Obrador de la muerte de la gobernadora de Puebla y de su esposo, el ex mandatario de esa misma entidad, parece también, mientras no se demuestre lo contrario, irracional e injusto.

Pero un pésimo manejo mediático y político, y una dosis de legalidad, en el caso Ayotzinapa, generó en la peor crisis de Peña, a tal grado, que le marcó y de la que ya no pudo jamás recuperarse, no supo cómo.

Y, hasta ahora, López Obrador ha tenido un pésimo manejo mediático y político de la tragedia de Puebla, al punto de que, como Ayotzinapa a Peña, puede ser su principio del fin, su propio Waterloo.

Hasta ahí las similitudes, porque hay una diferencia abismal, que ciertamente puede ser decisiva: Peña enfrentó una feroz y demencial, pero efectivísima campaña en redes sociales, proveniente de las huestes del iluminado tabasqueño. Éste, López Obrador, no enfrenta nada, porque ni priístas ni panistas ni perredistas tienen la capacidad para orquestar estrategias demoledoras, como sí la tienen los señores de Morena, cuando de aprovechar circunstancias adversas del opositor se trata.

En otras palabras, amén de su ineficacia para enfrentar el caso Ayotzinapa, Peña vio el principio del fin gracias a que Morena supo explotar la coyuntura para vapulearlo y hacerlo “responsable” de la desaparición de 43 moradores de la escuela normal, sin que en sentido estricto tuviera nada que ver. A López Obrador le sirve que los especialistas en demoler al adversario estén de su lado. Panistas, priístas y perredistas son unos imberbes, unos inútiles en esas lides.

Que eso le valga a López Obrador. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla. twitter@jaimelopezmtz>

jaimelopezEn un país bien gobernador, debe inspirar vergüenza la pobreza. En un país mal gobernador, debe inspirar vergüenza la riqueza

Confucio (551-479 AC)

Nadie puede aplaudir, por supuesto, la aplicación de impuestos. Y menos en un país donde históricamente el pago de ellos por lo regular no se ve reflejado en acciones y programas de beneficio social.

En el primer mundo, tampoco es que los ciudadanos paguen con una sonrisa sus impuestos, pero al menos lo hacen convencidos de que mayoritariamente, ese dinero aportado por ellos se devolverá en carreteras, alumbrado público, hospitales, servicios municipales. Y es que en sociedades avanzadas, el impuesto va primero para servicios y lo que queda es para mantener al propio gobierno que lo recauda. En México, como en los países pobres y corruptos, el impuesto preponderantemente va al mantenimiento de una obesísima burocracia, y lo que queda, si es que queda, va para servicios para la población.

Así, que se apliquen impuestos no puede causar una satisfacción a nadie, ni siquiera al gobierno que los diseña y cobra, porque claramente le resulta adverso en términos de posicionamiento político y, si se quiere, electoral.

Los gobiernos estatales en nuestro país, regularmente no aceptan aplicar impuestos propios, seguros de que la mayor parte de sus recursos anuales vienen de la Federación, la gran responsable del cobro de los más importantes impuestos. Y así ha operado por décadas, pero salvo Tabasco y la Ciudad de México, todas las entidades recibirán un severo ajuste a la baja en las participaciones federales durante 2019, por una política concentradora del poder y del manejo del dinero público del gobierno lopezobradorista.

Así, a los estados no les está quedando de otra que diseñar algún impuesto a nivel local, que compense el mazazo federal. Es el caso michoacano. En todo caso, el gobierno silvanista está obligado, una vez que el Congreso le aprobó un aumento de un punto porcentual al Impuesto a la Nómina, a dos cosas: una, a reducir notablemente su gasto corriente y, dos, a aplicar íntegra y transparentemente el recurso excedente que recaude por ese concepto extraordinario, en el combate a la inseguridad, como se argumentó en la iniciativa legislativa.

Y para el caso del impuesto a empresas contaminantes, también aprobado por el Congreso del Estado, me parece que ese no debiera tener mucha discusión: el perfil recaudatorio pasa a segundo término; lo relevante es inhibir la acción depredadora de muchas empresas, y eso no puede objetarse.

Así, sobre todo en el caso del Impuesto a la Nómina, el gobierno estatal deberá ser sumamente pulcro en garantizar su aplicación en el rubro descrito. Sólo así se podrá justificar. Veremos. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla. twitter@jaimelopezmtz>

jaimelopezCuando ve la situación de los presos de conciencia, mi libertad me incomoda

Otto von Bismark (1815-1898) Político alemán

El caso Reyna es una evidencia nítida, contundente como pocas, de la definición de un preso político.

Dígalo si no, la definición del diccionario de:

“…es cualquier persona física a la que se mantenga en la cárcel o detenida de otro modo, por ejemplo bajo arresto, sin haber cometido un delito tipificado, sino porque sus ideas supongan un desafío o una amenaza para el sistema político establecido, sea éste de la naturaleza que sea”.

Claramente, con sus particularidades, Jesús Reyna fue un preso político, porque “sin haber cometido un delito tipificado”, sus “ideas”, o su conducta, supusieron “un desafío o una amenaza” no al sistema político como tal, pero sí a quien en Michoacán lo encarnaba, Alfredo Castillo Cervantes, en 2014 dueño absoluto del estado, enviado por el presidente Enrique Peña supuestamente a pacificarlo, pero que en los hechos se constituyó en su amo absoluto.

Y cuando Reyna se empecinó en hacerle ver a Castillo que había un gobernador –Fausto Vallejo- al cual había que respetar y no minimizar, el enviado peñista vio en él a una amenaza, un riesgo para su control total en Michoacán.

A través de Reyna, Castillo pretendió enviar un mensaje a la clase política michoacana: el que busque salirse del huacal, el que ose retar su autoridad, cárcel.

El resto es historia. Cuatro años y medio pasó Reyna en la cárcel, acusado de colaborar con el crimen organizado, cuando jamás ni el Ministerio Público ni el Poder Judicial tuvieron en sus manos una sola prueba sólida.

Pero queda claro que en México no hacen falta pruebas sólidas para mantener a alguien “incómodo” en la cárcel, siempre y cuando el interesado cuente con el poder político y/o económico para que una acusación endeble derive en un proceso penal y, lo peor, que éste se alargue indefinidamente. Todo, con tal de que el escarmiento sea evidente.

Y como el encarcelamiento de Reyna tuvo orígenes políticos, tenía que ser también política su excarcelación: la PGR se desistió de mantener en prisión al de Huetamo, porque recibió una orden presidencial al respecto.

Así funciona la “justicia” en México. Reyna lo corroboró. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla. twitter@jaimelopezmtz>

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