Un hombre de Estado es el que se pasa la mitad de su vida haciendo leyes, y la otra mitad ayudando a sus amigos a no cumplirlas.

Noel Clarasó (1899-1985) Escritor español

 

jaimelopezCosmos es sólo un botón de muestra de lo que está pasando en buena parte de la capital, por no decir que en toda ella: un creciente, alarmantemente creciente nivel de asaltos a negocios y casas-habitación, una desatada ola de robos a plena luz del día por doquier, como jamás se había visto en la historia moreliana.

El fraccionamiento Cosmos, ubicado en la margen de la Calzada La Huerta, en el sentido rumbo a la salida a Pátzcuaro, vive el azote de los asaltos un día sí y otro también, una residencia sí y otra también, en la más completa impunidad. Y el problema es que Cosmos no es la excepción, es sólo el reflejo de lo que pasa en toda la ciudad.

Ahí se construyó, hace unos catorce años, una caseta de policía, lo mismo que sucedió en más de cien colonias y fraccionamientos morelianos. Pero como fueron parte del programa “Policía de Barrio”, diseñado por los gobiernos priístas de Víctor Tinoco Rubí y el alcalde Salvador Galván Infante, el perredista Lázaro Cárdenas Batel no sólo no lo llevo adelante, sino que lo frenó y, en algún momento, de plano lo canceló, dejando en el olvido las casetas construidas exprofeso, con la consecuente pérdida de millones de pesos y, lo más importante y grave, dejando abandonados a su suerte en cuestiones de seguridad, a los colonos.

Y por si no fuera suficiente, el fenómeno se agravó por el evidente descuido de las tareas de prevención del delito por parte de las corporaciones policiacas, así como que el ayuntamiento ha impedido la construcción de muros para cerrar colonias o fraccionamientos por parte de los vecinos a manera de auto protección. Y para terminar de redondear el escenario, se presenta en reciente fechas el fenómeno de que la mayor parte de los policías en activo, tanto ministeriales como de Seguridad Pública, están asignados a tareas de escoltas de funcionarios de todos los niveles, por lo que queda apenas una mínima parte de ellos para cubrir labores de patrullaje preventivo en las calles.

Todo ello conforma un escenario francamente peligroso y comienza a fortalecerse la idea de colonos de actuar por propia cuenta, ante la incapacidad institucional para brindar seguridad. Incapacidad, en el mejor de los casos, colusión con la delincuencia, en el peor.

Morelia se está convirtiendo en una tierra sin ley o, mejor dicho, donde impera la ley del más fuerte. Hasta ahora, ese más fuerte ha sido el delincuente, muchas veces en contubernio con la Policía. El colono moreliano parece decidido a no ser más espectador. Son cada vez más frecuentes las estrategias de colonos que, al margen de la Policía, definen acciones de vigilancia por su propia cuenta. Y entonces sí veremos cómo la autoridad, la misma que ha dejado en el olvido al moreliano común y corriente, procederá a condenar y detener a los autores cuando haya justicia por propia mano frente a los delincuentes. El moreliano de a pie lo sabe, pero claramente está dispuesto a correr el riesgo. Cualquier lo estamos, ¿o no? Al tiempo.

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