La libertad de prensa, lo mismo que todas las libertades, tendrá sus inconvenientes y sus peligros, pero es preferible a la tranquila placidez del despotismo

José María Vigil (1946-?) Teólogo español de la liberación

 

jaimelopezPor donde se le vea, ha sido absolutamente sana la decisión, de donde haya surgido, de cancelar el 7 de junio como “día de la libertad de expresión” en México. Es una de tantas “celebraciones” que llegan a arraigarse, sin que se conozca siquiera su origen.

Y su origen vuelve insostenible mantenerla vigente, al menos en ese día: por allá en los cuarenta, el grupo de propietarios de los periódicos capitalinos más importantes decidió organizar un 7 de junio una comida en honor al presidente en turno, Miguel Alemán, para “agradecerle” que hubiera libertad de expresión en México.

Así como se escucha de aberrante, sucedió. Los periodistas agradecían al poder, al presidente todo poderoso, la gentileza que tenía de autorizar libertad de expresión. No es que fuera un asunto de derechos humanos, o que estuviera consagrado en la Constitución. No, si el presidente no lo autorizaba, pues nomás no había libertad de prensa, libertad de expresión. Es decir, era una concesión graciosa de él, y por tanto era justo organizarle mínimo una comida –que casi siempre pagaba el propio gobierno- en su honor y agradecimiento.

Conocido ello, ¿es justo que sigamos “festejando” ese día como el de la “libertad de expresión” en México? Evidentemente no.

En su lugar, tiene más sentido lo que hizo la ONU: designó el 3 de mayo como día de la libertad de prensa en el mundo entero. Y más allá de condiciones para ejercerla en cada parte del mundo, que obviamente son diferentes, hizo bien la ONU en definirla como una fecha de reflexión y análisis respecto del nivel de liberad para ejercer el periodismo en cada país.

Huelga recordar que México no tiene nada de qué presumir en ese sentido. Todo lo contrario: el país presenta niveles de atentados y amenazas contra los medios y los periodistas, similares al de lo que están en guerra. Eso es inadmisible, y es lo que hay que seguir machacando no el 3 de mayo, menos el 7 de junio, sino todo el año.

Cierto, más allá de la fecha, lo importante es no cejar en la búsqueda de que el ejercicio de esa libertad sea incondicional en el país, en un tutelaje al que está obligado el estado mexicano.

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