El educado difiere del no educado, tanto como el vivo difiere del muerto

Aristóteles (384-322 AC) Filósofo griego

 

jaimelopezSólo a la mafia criminal disfrazada de sindicato del magisterio, puede parecerle una victoria la iniciativa que este miércoles firmó Andrés Manuel López Obrador, para derogar la Reforma Educativa.

Los holgazanes líderes del magisterio cantan victoria y lanzan loas al presidente, cuando lo que éste está haciendo, al rubricar la referida iniciativa, es condenar al eterno fracaso y a la mediocridad a millones de niños y jóvenes de este país, que no tienen los recursos para acudir a escuelas de calidad y que tienen que conformarse con las oficiales.

López Obrador distrae al “pueblo bueno” con sandeces como la reducción de salarios y el no disponer del Estado Mayor Presidencial para su vigilancia, para desviar la atención de los golpes letales que está asestando al país: la pérdida de 200 mil millones de pesos por el capricho de cambiar a Texcoco por Santa Lucía como sede del nuevo aeropuerto; el amago de desaparecer al Poder Judicial y los poderes en los estados cuyos gobernadores se nieguen a doblarse ante él, y ahora la desaparición de un plumazo de la Reforma Educativa.

Los maestros dejarán de ser evaluados; los ineptos podrán seguir dando clases; no habrá exámenes de admisión en ninguna universidad pública; prácticamente se regalará el título a todo joven que se inscriba en una de ellas. Esas, son sólo algunas de las características de la política educativa lopez obradorista que sustituirá al modelo actual.

Un modelo que buscó una reforma que ni siquiera fue toral en el sector educativo, que se quedó en la superficie, casi nomás en lo laboral, y que debía profundizarse, no borrarse. Si alguna esperanza se alentaba de incidir con medidas concretas en una elevación de la calidad educativa de este país, ha quedado sepultada con la firma de la iniciativa por el presidente.

El pueblo bueno y sabio no lo advierte, pero este miércoles recibió un mazazo noqueador, justo en su línea de flotación, donde duele. La visión populista y demagógica de López Obrador cobra una nueva víctima, la educación, o mejor dicho, la niñez y la juventud. Si no, al tiempo.

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