Marco A AguilarIDIOTEZ QUE PREVALECE

AMLO se convirtió en el pararrayos de los ataques de los cuatro candidatos presidenciales restantes, a dos meses y días de la elección.

Meade reta, y ordena, "Andrés Manuel: acepta debatir cada semana; quien no debate no merece gobernar… ¡Frenemos a López Obrador!"

Anaya asegura y propone: "Es un hecho, el PRI sale del poder, y gana el cambio; el cambio viejo y deshonesto de López Obrador, o el que yo propongo con ideas nuevas y progresistas".

Margarita enfrenta: "AMLO quiere amnistía para corruptos y criminales. Su propuesta es de un país de impunidad. Yo quiero un México respetuoso de la ley, y los criminales a la cárcel".

Jaime Rodríguez embronca el ambiente electoral: "INE mintió, TRIFE hizo justicia; que se cuide AMLO, ¡voy por él!"

Lo que se opone, apoya; lo que no mata, fortalece; el mal ataque se convierte en auxilio.

Esas tres expresiones populares, veraces en principio, se desprenden del pensamiento de tres personajes, respectivamente: el científico inglés Isaac Newton (1642-1727) con su tercera ley; el filósofo alemán Federico Nietzsche (1844-1900) en El ocaso de los ídolos; y, el general chino Sun-Tzu (544-496 antes de n. e.) en El arte de la guerra.

Física, filosofía y milicia, nos aconsejan no oponernos cuando con ello apoyamos; no intentar matar si con esa actitud vamos a fortalecer; y no mal atacar, porque con eso sólo auxiliamos.

Todos contra AMLO es una idiotez antañona que sigue prevaleciendo, y que lo ha engrandecido.

Independientemente de las cualidades y experiencias de Andrés Manuel, que las tiene, sus propios contendientes están utilizando tiempo, espacio y dinero, para publicitarlo más.

Y con ese tipo de adversarios que le conquistan adeptos, López Obrador no requiere de amigos honrados ni capaces; es feliz y exitoso, y se regodea desde ahora con el triunfo.

Meade, versifica mal, y confiesa: “Andrés, perderás otra vez… No temo a AMLO, temo a sus propuestas”; contrario a esta aseveración, yo no temo a sus propuestas, le temo a AMLO; claro, utilizando el verbo “temor”, para el caso, en su acepción de incertidumbre.

Que promete AMLO: terminar con la mafia en el poder, de acuerdo; acabar con la inseguridad, de acuerdo; desaparecer la corrupción, de acuerdo; pedir auxilio al Papa, a Putin, a Trump, a todo el mundo para pacificar a México, de acuerdo; cobrar la mitad del salario, él y todos sus colaboradores, de acuerdo; vivir en un departamento y no en Los Pinos, y manejar su pequeño automóvil, de acuerdo; organizar su gabinete con pura gente honrada, trabajadora y capaz, de acuerdo, (aunque conforme a su prematuro enlistado hay ahí gente ratera, floja e incapaz); construir un mejor aeropuerto que el NAIM a un costo cien veces menor, de acuerdo; y así hasta la  eternidad de sus propuestas.

Temo que su gran éxito electoral se convierta en enorme fracaso administrativo. Temo más por México que por él.