La corrupción lleva infinito disfraces
Frank Herbert (1920-1986) Escritor norteamericano
No es, por supuesto, nueva la información, se ha manejado hasta el cansancio, se ha documentado, se ha corroborado y difundido una y otra vez, pero no deja de llamar la atención que siga en la más completa impunidad.
Mexicanos en Contra de la Corrupción y la Impunidad, una organización no gubernamental, seria, con prestigio, vuelve a documentar esta semana la inmensa serie de irregularidades que rodearon la construcción de la presa Francisco J. Múgica, edificada en los gobiernos de Lázaro Cárdenas Batel y Leonel Godoy Rangel en el corazón de la tierra caliente.
La organización civil perfila su estudio en las dudas que genera que Odebrecht haya sido la empresa “ganadora” de la licitación para dicha obra. Y las dudas son más que fundadas, dada la estela de corrupción que rodea a la firma brasileña, que ha bañado de dólares buena parte de los países latinoamericanos, corrompiendo y comprando autoridades para “ganar” licitaciones de obra pública. En México, está abierta una investigación de varias decenas de miles de millones de dólares por actos de corrupción de esa empresa con nuestra entidad prototipo justo de la corrupción: Pemex.
Pero es evidente que no sólo Pemex, sino que el gobierno de Michoacán, concretamente los de Cárdenas y Godoy, tendrían hoy mucho que decir en torno a sus vínculos con Odebrecht. Donde se para, Odebrecht corrompe, luego entonces ¿por qué suponer que no ganó la licitación de la presa J. Múgica en base a lo mismo? Ninguna razón habría para pensar lo contrario, máxime si se ven los resultados: la obra no costó los 1,500 millones de pesos autorizados inicialmente, sino casi el doble, 2,915, y eso, que había sido diseñada por el gobierno bajo la modalidad de “precio alzado” y “llave en mano”, esto es, que no debía pasarse un centavo del presupuesto acordado. Tanto Cárdenas como Godoy, autorizaron partidas presupuestales adicionales a Odebrecht, violando la ley.
Y además, no hubo sanción alguna para la empresa carioca, pese a que tardó cuatro años más de lo previsto en concluir la obra. Y ni hablar de las deficiencias técnicas, tantas, que la Comisión Nacional del Agua se negó a recibir la obra por su mala calidad, y apenas no hace mucho lo hizo, más forzada por presiones políticas que por convencimiento.
Si nada como pato, si vuela como pato, si grazna como pato, lo lógico es que hablemos de un pato, ¿no? Lo mismo, si huele a corrupción, si hay antecedentes de corrupción, si todo el contexto y los resultados son de corrupción, lo lógico también es que estemos ante un hecho de corrupción, ¿no?
Pero en México puede probarse un hecho irregular, puede documentarse la corrupción, y no pasa nada. La presa J. Múgica es un modelo de corrupción y no pasa de tratarse mediáticamente. Es evidente que el apellido Cárdenas sigue pesando demasiado, tanto, como para generar un manto de impunidad a dos gobiernos unidos no solo por su militancia partidista, sino por una empresa sinónimo de corrupción, como es Odebrecht. ¿O alguien creerá que sólo en Michoacán, y en esa obra, Odebrecht actuó sin comprar ni corromper a los gobernantes? La respuesta la sabe un párvulo.