El mundo está lleno de estadistas a quienes la democracia ha degradado, convirtiéndolos en políticos
Benjamín Disraeli (1766-1848) Estadista inglés
Una nueva tragedia se asomó en las fuerzas policiacas michoacanas. Y digo nueva, porque desafortunadamente no es la primera ni será la última. Este lunes, ocho elementos de la Policía Estatal murieron en forma por demás trágica, al volcar la patrulla en que viajaban en un convoy de varias unidades en la Autopista de Occidente, a la altura de la desviación a Panindícuaro. Los efectivos iban a un operativo especial de seguridad en la zona de Los Reyes. Es decir, literalmente murieron en el cumplimiento de su deber.
Pero la tragedia no debiera quedar sólo en el lamento.
Claramente, hay algunos elementos que las autoridades policiacas, léase secretario de Seguridad Pública y Procurador General de Justicia, estarían obligados a tomar en cuenta a manera de escarmiento, para reducir los riesgos de que este tipo de accidentes se presente.
Cierto, la labor policial, en cualquiera de sus niveles, es en sí misma de alto riesgo, pero eso no significa que no se hagan los esfuerzos y se tomen las medidas para reducirlos.
En esa lógica, es obligado cuestionar la razón de que, invariablemente, las patrullas sean conducidas a velocidades inmoderadas, injustificadamente inmoderadas. En casos de emergencia, por supuesto se entiende que así sea, pero el problema es que ya siempre son “emergencias”, porque así como en la ciudad jamás se ve a un policía esperar el siga del semáforo, siempre violan el reglamento y se cruzan con la luz en rojo, se brincan camellones, se suben a las banquetas, obligan a los automovilistas a también violar el reglamento para poder ellos seguir su camino, en carretera, vayan o no en misión oficial, vayan o no a un operativo urgente, siempre conducen a no menos de 160 kilómetros por hora.
Además, y me lo han dicho policías, hay pocos de ellos preparados para conducir a esas velocidades, no reciben capacitación especializada en conducción de vehículos, simplemente lo hace el que el jefe disponga en ese momento, y ello obviamente pone en riesgo a sus compañeros y a los demás automovilistas.
Otro punto: ¿en qué cabeza cabe ordenar que en las camionetas pick up que hacen las veces de patrullas, vayan cinco o seis elementos en la caja, con el obvio riesgo que ello significa? El reglamento de tránsito contempla sanciones para los conductores de camionetas que transporten personas en la caja.
Podrá responderse que son las unidades con las que se cuenta. Esa es una respuesta absurda. ¿Por qué no se compran camionetas grandes, seguras, tipo Suburban o similares para el traslado de policías en carretera? Las decenas de ellas que traen los funcionarios para su uso personal y de sus familias, y las que traen sus escoltas, bien podrían servir para esa función.
Evidentemente lo que sucedió este lunes, fue el resultado natural de la combinación de esos factores, lo que debiera arrojar como consecuencia tomar cartas en el asunto para reducir los riesgos para los policías, cuyo trabajo es de por sí de alto riesgo. Empero, mucho me temo que nada pasará, que nada se corregirá, porque como los jefes policiacos regularmente viajan en helicóptero o por tierra pero en camionetas seguras, no conocen el riesgo de hacerlo en las condiciones en que ordenan lo hagan sus subordinados.
Parece una insensatez, pero ocho muertos en un solo accidente seguro no llevarán a ningún cambio en esas prácticas de alto riesgo que permiten o que hasta alientan, las autoridades en la materia. Si no, al tiempo.