Las precampañas se han convertido en un acto del más reprochable dispendio en un país que sufre los embates de la cíclica cuesta de enero, ello sucede al mismo tiempo en que algunas universidades públicas están prácticamente en la ruina. Los contrasentidos para completar la trama del absurdo.
En nuestro país se rescata a los banqueros, a los concesionarios de autopistas en detrimento de las mayorías, si se respalda a los grupos vulnerables el grito eleva sus decibeles para censurar el supuesto populismo, los hipócritas discursos carentes de empatía.
Apenas estamos en la franja de las precampañas porque en el futuro cercano comenzará lo que para algunos es una guerra electoral por la cantidad industrial de exabruptos, ya el Partido Revolucionario Institucional se ha reforzado con un experto en ello como lo es Javier Lozano recién desempacado del Partido Acción Nacional, no sé quién piense en el tricolor que el ex panista aportará talento si lo que se le nota a leguas es su consistente neurosis, no más.
Una vez que las campañas alcancen mayor penetración entonces se incrementará el lodo, la descalificación burda aderezada por medias verdades y calumnias al por mayor; toda la maquinaria del infundio direccionada desde las redes sociales, proliferación de rumores, invenciones de mitos, cuentos negros así como tomaduras de pelo.
Las elecciones del año en curso van en muchas entidades federativas de manera concurrente al abarcar los ámbitos local y federal, ello significa que jamás como ahora se habían disputado una considerable cantidad de cargos de elección popular, es un dato que abruma.
Aún con todo esperamos los ciudadanos conocer a detalle proyectos de nación que suelen ser desdeñados ante la inmediatez y coyuntura por los actores políticos. Los ruidosos spots que nos recetan a diario son propaganda, cuestionamientos con una dosis elevada de lugares comunes tan reiterados que empalagan. A los aspirantes les faltan creativos verdaderos porque la táctica es vieja, sumamente previsible.
La autocrítica no asoma en ningún aspirante a la presidencia de la república, es evidente la soberbia como elemento activo, esa probada autosuficiencia puede generar descalabros porque el catálogo en la materia que exponía la historia mundial así lo indica. Basta leer La Iliada, el Caballo de Troya desnuda la soberbia de quienes recibieron ese obsequio ideado por Odiseo, ahí se registró el principio del final para los troyanos dirigidos por Príamo.
Resulta evidente el papel de franquicias que juegan los partidos políticos en este juego, reclutan candidatos de origen disímbolo para en un acto instantáneo asumir otro credo. Los partidos son entes básicos en un proceso democrático, cualquier manual de ciencia política así lo establece desde la aparición de los mismos en la etapa contemporánea en Gran Bretaña, representan una vía pacífica para arribar al poder, todos tienen sus características, declaración de principios, de cuadros o masas, sólo que ha llegado el momento en nuestro país en que se impuso el pragmatismo para sepultar cualquier resquicio ideológico. En fin, aún falta tiempo para observar el proceso electoral aunque por lo visto hasta hoy no es halagüeño el presagio.