El saldo de la elección presidencial del primero de julio aún no se contabiliza en cuanto a efectos colaterales, si bien ya se sabe cómo se distribuirán los cargos de representación popular en algunos partidos se abrió un periodo de reflexión, dicen ellos, para conocer las causas de sus respectivos desplomes. Hace una semana hablamos del caso priista, ahora corresponde al Partido de la Revolución Democrática que había sido la experiencia de izquierda más exitosa de México en el terreno electoral. Tiempo pasado.
Morena arrebató contundentemente el sitial al PRD con muchos personajes egresados del Sol Azteca comenzando con el próximo presidente constitucional Andrés Manuel López Obrador y muchos allegados suyos como Ricardo Monreal, Martí Batres y compañía. El PRD es un resultado de una coyuntura política-electoral de 1988, año en que se disputó la presidencia de la república y el Frente Democrático Nacional postulara a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano como su abanderado, en dicho proceso figuró un generoso Heberto Castillo quien cedería el registro del Partido Mexicano Socialista para que en mayo de 1989 naciera formalmente el PRD.
Michoacán fue el motor del perredismo, Lázaro Cárdenas Batel, Leonel Godoy Rangel y actualmente Silvano Aureoles llegaron por el Sol Azteca a la gubernatura, de los tres citados sólo el último se mantiene en las filas perredistas. A nivel nacional se fueron algunos líderes emblemáticos: Cuauhtémoc Cárdenas, Ifigenia Martínez, Porfirio Muñoz Ledo y Andrés Manuel López Obrador. En los últimos meses el éxodo de muchos perredistas a Morena se aceleró, casi se ha vaciado el partido amarillo.
Las corrientes internas en el PRD han sido nocivas porque no alientan el debate, la dirigencia del sol azteca al inicio del sexenio de Enrique Peña Nieto suscribió el Pacto por México y ha cargado con ese fardo, las cúpulas deciden por la militancia y los gobiernos de esta extracción no han marcado diferencia como lo ejemplifica un errático Graco Ramírez que será relevado en la gubernatura por el nuevo moreno y ex futbolista Cuauhtémoc Blanco.
Muchos cuadros perredistas presumen su pertenencia a las corrientes más que al propio partido, desdeñan la institucionalidad, en suma se trata de un archipiélago de mini partidos. Bajo esa tónica su extinción es cada vez más probable, ya sin liderazgos de peso y hasta unas semanas aliados con el Partido Acción Nacional. No se percibe la autocrítica, la codicia de sus cabecillas fue evidente aunque al final el fracaso ha sido indiscutible.
Las corrientes internas no distribuían el debate, no diseñaron otros esquemas de participación social, lo que realmente hicieron fue repartir las rebanadas del pastel del poder cada vez más reducido, presidencias municipales, diputaciones, senadurías. Comenzó el nepotismo a figurar al colocar en la burocracia a los hijos, esposas, esposos, hermanos; todo lo que alguna vez se criticó lo hicieron ellos para mermar la calidad moral. La desmemoria los absorbió.
Desconocemos si el PRD se refundará o si el éxodo a Morena no se detendrá, lo que es indiscutible es que la decadencia del sol azteca es clara, innegable y no se ve cómo evitar esta que parece una caída libre.