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viernes, abril 4, 2025

DIVERSIDAD DE VOCES

teodorobarajasEn nuestro país cunde la desmemoria de manera evidente, pareciera que México fue bañado por las aguas del mítico Río Leteo y se perdieron los registros. Actualmente la oposición al presidente Andrés Manuel López Obrador cuestiona furiosamente los hechos u omisiones del mandatario que no rebasa ni los cinco meses en el cargo.

A cambio, muchos de los críticos olvidan las décadas que gobernó el Partido Revolucionario Institucional, el asunto es que se abona más a la polarización. La libertad de expresión es un derecho fundamental que está consagrada en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, sin ella no se podría vigorizar la democracia y siempre será estimulante la diversidad de voces, matices y convicciones porque son nutrientes del pensamiento plural. Ya no vivimos bajo la égida de la inquisición y lo peor que podría sucedernos es que prevaleciera un pensamiento único, monolítico.

En otros tiempos en los que pesaba el yugo del autoritarismo las críticas y cuestionamientos contra los presidentes fueron mínimas porque se estilaba, a gran escala, la represión o la cooptación del ogro filantrópico, el Leviatán a la mexicana que azolvaba los caminos para anular el debate.

No se aplicaba la autocrítica, de hecho casi todos los presidentes han creído que con ellos se reinventa el estado mexicano porque la vanidad les ha cegado, se sienten los modernos prometeos que habrán de compartir la luz.

La historia antigua nos dice que Julio Cesar, el destacado estratega romano, llegaba a la llamada ciudad eterna vitoreado en forma apoteósica tras la victoria en las Galias, un sirviente que tenía la recordaba una sentencia: memento mori -recuerda que morirás-, ello para que no perdiera la proporción de las cosas.

En el caso de nuestro país los mandatarios suelen carecer de un alter ego, alguien que les conmine a bajarle a la euforia momentánea para que se centren en las verdaderas prioridades.

Cada administración gubernamental tiene luces y sombras, aciertos y equívocos. Es un asunto de mortales.

En otros tiempos casi no había críticas, los informes presidenciales, por ejemplo, fueron un día de fiesta oficialista, todo era regocijo que se trasmitía en los medios de comunicación para admirar al hierofante derivado de la revolución, a una especie de iniciado para guiar al vulgo profano.

De unos años a la fecha se han dado pasos a la discusión pública, la diversidad de voces forjó una polifonía que no deja de marcar la pauta en los debates, se afianzó un sistema pluripartidista con todo y los excesos en materia del gasto público destinado.

Al actual mandatario se le cuestiona, dicha conducta en una sociedad democrática no es algo extraordinario, más bien es un signo ordinario, aunque no puede dejarse de lado lo que sucedió en otras administraciones que estuvieron marcadas por el signo del despilfarro, la corrupción y la impunidad.

Hoy más que nunca es pertinente la división de poderes, diseñar un sistema federalista que proponga reglas equitativas en materia del presupuesto porque la fórmula centralista que impera desde hace décadas no facilita el desarrollo ni el crecimiento.

Es preciso un verdadero cambio de régimen.

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