Morena se alzó con la victoria electoral en los estados de Baja California y Puebla, gana las dos gubernaturas de modo tal que las encuestas atinaron a esta nueva recomposición de fuerzas, el Partido Acción Nacional fue en ambas entidades derrotado porque parece acusar una decadencia obvia y Marko Cortez no ha brillado como jefe de la organización fundada en 1939.
Baja California fue durante las últimas tres décadas el ganador en la península norteña desde que Ernesto Ruffo alcanzó la gubernatura en los tiempos en que se especulaba con relación a las concertacesiones entre el PAN y el presidente Carlos Salinas de Gortari al que muchos albiazules adoraban al considerar algunas de sus políticas como un “triunfo cultural del PAN”.
El PAN parece desfondarse porque su candidato en los comicios del 2018 fue vapuleado por el de Morena Andrés Manuel López Obrador, perdió casi en todas las entidades federativas. Acción Nacional no se ha repuesto, algunos de los que fueran cuadros importante, sus referentes, ya se fueron como Felipe Calderón. Desde la muerte de Carlos Castillo Peraza no ha tenido un ideólogo de ese nivel.
En Puebla también vino a la baja y ha perdido contundentemente la gubernatura como en su momento perdió el Congreso y un alto número de alcaldías, tras el lamentable accidente en que perdió la vida la ex gobernadora panista Martha Erika Alonso y su esposo el senador Rafael Moreno Valle fue un priista quien asumió el cargo interinamente.
Miguel Barbosa, quien recibió fuego amigo, será el próximo mandatario poblano. Los partidos políticos en la era del pragmatismo, algunos de los cuadros emblemáticos de Morena fueron perredistas y/o priistas; suelen configurarse alianzas antes impensables porque el poder es el combustible y fin.
La oposición en términos generales parece estar sumida en un pasmoso letargo, los históricos y más antiguos partidos de México en la actualidad PAN y PRI parecen ir a la baja, sus bravatas no resultan, los resultados electorales les retratan, cada cual podrá matizar sus derrotas pero en honor a la verdad no son más que justificaciones a modo para explicar la debacle.
Morena aún no da el paso a ser un partido institucional porque su fuerza es la de un movimiento que depende de un liderazgo en la persona de Andrés Manuel López Obrador que les alcanza para continuar la buena racha y ahora obtienen dos gubernaturas más.
No sabemos hasta qué punto podrían influir en los procesos electorales los últimos acontecimientos en materia de nota roja como son la orden de aprehensión contra el ex titular de Petróleos Mexicanos Emilio Lozoya y la captura en España del dueño de Altos Hornos Alonso Ancira, algunos comparan este ejercicio con las detenciones de Joaquín Hernández Galicia otrora líder moral del sindicato petrolero en tiempos del salinato o de Jorge Díaz Serrano en la presidencia de Miguel de la Madrid; se trata de contextos diferentes porque el gobierno actual fue ganado por López Obrador por una cuantía aplastante, lo cual significa que tiene una legitimidad de origen de la que no pudo presumir, en su momento, Carlos Salinas de Gortari al que perseguirá por siempre la oscura sombra del fraude del 6 de julio de 1988.