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jueves, abril 3, 2025

POR LOS CAMBIOS

teodorobarajasMéxico necesita un auténtico proyecto por la paz, ello se desprende de la violencia que ha crecido de manera exponencial en el último año, nadie parece estar a salvo, no hay blindaje que valga para evitar los estragos de la inseguridad que suele estallar frecuentemente. La lista de personas agraviadas aumenta, el número de homicidios dolosos por igual. En todo ello impera la impunidad, los crímenes quedan sin castigo y con abundantes víctimas.

El presidente electo a través de sus allegados ha promovido foros de consulta para escuchar a las víctimas, se habla del perdón, también de la justicia, aunque hace falta una mayor empatía porque muchas personas que sufrieron la pérdida de seres queridos no perdonarán. Hipólito Mora, fundador de los grupos de autodefensas en Michoacán lo dijo de manera contundente, no perdona a quienes asesinaron a su hijo.

Lo que un alto número de mexicanos desea es que la inseguridad sea combatida a conciencia, que la impunidad no continúe como un rasgo característico de nuestra vida pública, la ley no es un asunto metafísico, está para aplicarse. Con esas esperanzas más de treinta millones de mexicanos sufragaron por Andrés Manuel López Obrador.

En el año 2000 se alcanzó la alternancia al ser destronado por primera vez de la presidencia de la república el Partido Revolucionario Institucional, Vicente Fox llegó legitimado con un importante bono democrático que dilapidó en poco tiempo. Con el gobierno panista al inaugurarse el siglo XXI lo que se vivió no fue un cambio de régimen, sólo cambió la nomenclatura de las gerencias administrativas del país y el desencanto afloró. Con Fox, que próximamente se quedará sin su pensión, la presidencia de la república se caricaturizó.

En el año 2012 el PRI regresó al poder con Enrique Peña Nieto, a quien le estallaron múltiples escándalos que abrieron la brecha a una nueva alternancia en este año que se rubricó el primero de julio. La corrupción, inseguridad e impunidad han dejado una profunda huella en el gobierno saliente.

En la actualidad es visible un vacío de poder, tenemos un presidente que no se acaba de ir –Peña Nieto- y uno que aún no estrena su gestión –López Obrador-.

Peña Nieto está casi invisible, la agenda política la marca cotidianamente el presidente electo para producir respuestas y efectos.

En nuestro país se cuentan por millones las víctimas de la violencia, muchas de ellas no perdonarán a quienes arrebataron a sus seres queridos, ese es un asunto subjetivo muy cercano a las profesiones de fe pero no necesariamente que tenga vinculación con el derecho.

Muchos confían en que el resultado de las escuchas en los foros de diálogo que se han convocado tengan utilidad una vez que López Obrador asuma el poder a partir del próximo primero de diciembre, ahí radica la expectativa acompañada de la esperanza.

El tejido social está vulnerado como la confianza de muchos ciudadanos que observan con frustración como muchos delincuentes quedan en libertad, también son diversos los casos que se cuentan en la narrativa cotidiana de actos de linchamiento contra malhechores de parte de gente que ha perdido la fe y la paciencia.

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